Aprendiendo a caminar
con Dios
Por Daniel Dardano, Daniel Cipolla, Hernán Cipolla
Diciembre 2020
“Aquel mismo día dos de ellos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén.
Iban conversando sobre todo lo que había acontecido. Sucedió que, mientras hablaban y discutían,
Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos; pero no lo reconocieron, pues sus ojos estaban velados.
—¿Qué vienen discutiendo por el camino? —les preguntó.
Se detuvieron, cabizbajos; y uno de ellos, llamado Cleofas, le dijo:
—¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén
que no se ha enterado de todo lo que ha pasado recientemente?
—¿Qué es lo que ha pasado? —les preguntó.
Lucas 24:13-19 / NVI
Este relato grafica de manera trascendente lo que es caminar con Dios. Estos dos discípulos del Señor conversaban sobre lo acontecido con Jesús, pero sus corazones estaban destrozados, llenos de una tristeza terrible; de pronto Jesús comienza a caminar con ellos, pero ellos no lo reconocen; dicen que los ojos, la palabra literal dice que estaban impedidos, es más, hay traducciones de la Biblia que dicen que Dios impidió que lo reconocieran…
Y en los pasajes que no vamos a leer, sus corazones estaban llenos de tanta tristeza, que ellos llegan a decir, nosotros pensábamos que Él iba a ser el que liberara Israel, es más, fueron unas mujeres al sepulcro y el cuerpo no estaba ahí y unos ángeles les dijeron que había resucitado, pero a Él no lo vieron, y luego fueron otros compañeros, nuestros discípulos y también fueron pero tampoco lo vieron, así que, todavía se animaron a decirle eso.
En ese momento, Jesús responde estas palabras:
“—¡Qué torpes son ustedes —les dijo—, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas!
¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria?
Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.”
Lucas 24: 25-27 / NVI
Ahora bien, surge una pregunta, ¿si Dios mismo les veló los ojos para que no lo reconocieran, entonces, por qué Jesús los reprendió? ¿Qué bases tenía Jesús para reprenderlos si sus ojos estaban velados por el Señor?
Muy sencillo, porque la ceguera espiritual que ellos tenían era producto de algo, de permitir que la tristeza, el dolor y las circunstancias los gobernaran.
¿Qué hace eso con nosotros? Nos vuelve ciegos, ciegos espirituales, nos hace ir hacia atrás, olvidaron por completo la Palabra, hasta olvidaron todo lo que habían dicho los profetas, ¿y entonces qué necesitaron? Más adelante necesitaron que Jesús les abriera los ojos, lo cual en el verso 31 dice que cuando partió el pan ellos se dieron cuenta que era Jesús.
Debemos vivir con ojos abiertos y eso sólo es posible si mantenemos la visión de Dios en todas las cosas y en todas las circunstancias sin importar cuáles sean, buenas o malas.
Para caminar con Dios necesitamos la visión de Dios y para tener la visión de Dios necesitamos tener ojos abiertos. Me refiero a ojos abiertos para ver las cosas como Dios las ve. Nuestros ojos están cerrados cuando empezamos a ver las cosas a través del tamiz del dolor, de la circunstancia, del problema, de lo que nos golpea.
Nosotros contamos con la revelación del Cristo porque el Espíritu Santo nos habita, y además contamos con los tres pilares fundamentales benditos que hablamos antes, la oración, la Palabra y la santidad, pero les quiero decir algo: No podemos permitir que nuestra hambre por conocer al Señor, que nuestra comunión con Él y que aprender a caminar con Él, se limite a la práctica de estos tres pilares fundamentales.
¿Por qué no podemos hacer eso? Porque esto va hacer que nos sintamos conformes espiritualmente, con una sensación de: yo estoy bien con el Señor, yo leo la Palabra, la estudio, yo oro, yo miro la Palabra y yo camino en la santidad que el Señor me pide, y yo estoy caminado bien con el Señor…
¿Saben por qué? Esto produce un velo, porque no nos damos cuenta que en realidad el Espíritu de Dios está invitándonos en el espíritu a caminar con Él en un nivel superior, que por supuesto, las prácticas cristianas y estas prácticas benditas no nos pueden llevar a ese nivel.
Es algo superior, es una experiencia de vida que nosotros debemos responder al llamado profundo del Espíritu del Señor, aprender a caminar con Él.