¿Cómo gobierna Cristo a su Iglesia?
¿Cómo gobierna Cristo
a su Iglesia?
Por Daniel Dardano, Daniel Cipolla, Hernán Cipolla
Diciembre 2020
«Por muchos años y diversas razones existió una idea equivocada de que los ministerios apostólicos y proféticos habían cesado en la Iglesia. Por lo tanto, aunque la Iglesia sintió estar plenamente capacitada, su esencia fue afectada y, como consecuencia, su autoridad espiritual fue limitada y su influencia en el mundo se debilitó. Esta realidad se podría comparar con una persona que considera que su mano está completa, aunque solo tenga tres dedos.
Mientras que una gran parte de la Iglesia sostenía la creencia infundada de que apóstoles y profetas ya no existen, se comenzaron a producir otros resultados nefastos que se extienden a nuestro presente. La Iglesia de Jesucristo sigue siendo víctima de un gran sectarismo debido a posturas e ideas teológicas diversas y opuestas entre sí. Esto provoca que ella esté dividida en sectores tan variados, que no puede conducirse y manifestarse como un solo cuerpo, el de Cristo. Esta realidad es contraria a la voluntad de Jesús expresada en su oración al Padre, cuando le rogó:
“… para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti,
que también ellos sean uno en nosotros;
para que el mundo crea que tú me enviaste”
(Juan 17:21)»
«No cabe duda de que una Iglesia dividida es un factor clave para que el mundo se resista a creer en Jesucristo como Salvador y Señor. Es necesario entender que Jesucristo creó a la Iglesia como un organismo espiritual indivisible, y no como una organización religiosa. Cuando la Iglesia comenzó a ser fragmentada, decayó su efectividad en la Tierra.
Por otra parte, quienes impulsaron cada una de las corrientes teológicas que dividieron a la Iglesia, crearon organizaciones, instituciones y denominaciones para agrupar a creyentes con las mismas creencias y formas de culto. Este error, producto de la invención humana, trajo al menos dos consecuencias graves sobre la Iglesia de Jesucristo. La primera es que el mundo no pueda ver a la Iglesia como una sola, sino como muchas iglesias distintas, cada una con su propia creencia, doctrina y práctica eclesiástica. La segunda es que los directivos de cada organización no solamente se encargan de los asuntos legales y administrativos, sino que además ejercen el gobierno espiritual sobre el sector de la Iglesia que ellos representan. Esta manera de operar no tiene fundamento en la enseñanza establecida por la Palabra de Dios. Por lo tanto, la estructura de gobierno implementada sobre la Iglesia no sólo es un plan humano, sino que ha reemplazado al gobierno diseñado por Dios.
Las Escrituras demuestran que:
Dios no dejó el gobierno espiritual de la Iglesia librado al criterio humano.
Jesucristo es la cabeza de la Iglesia, y por ende quien ejerce el gobierno espiritual sobre ella. A través de Efesios 4:11 se demuestra que Jesucristo delegó la unción de dirigir a su Iglesia a cinco ministerios que Él constituyó: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.
Esta es la estructura de gobierno espiritual que Cristo diseñó para su Iglesia. Por esta base escritural se comprende entonces que tener un cargo directivo en una organización cristiana no es sinónimo de tener la autoridad delegada por Cristo para ejercer gobierno espiritual sobre la Iglesia. Si bien las leyes de un país pueden establecer como requisito que una organización cristiana le dé legalidad a una iglesia, eso no significa que las Escrituras establezcan que deben crearse
organizaciones cristianas con la finalidad de dirigir espiritualmente a la Iglesia.»
«En cambio, aquello que se expresa con toda claridad es la necesidad de que los cinco ministerios funcionen plenamente en la Iglesia para brindarle dirección espiritual.
Por otra parte, ningún creyente se imaginaría una iglesia local sin pastores; toda iglesia debe tener sus pastores. Tal vez, también se piense que es normal que haya algún maestro en la iglesia y, en el último de los casos, podría anhelarse la tarea de algún evangelista. Pero la cristiandad, en su generalidad, no piensa que deba haber apóstoles y profetas en la Iglesia. No es normal esa idea. Esto nos hace ver que si bien el Señor planeó un equipo de cinco ministerios para conducir a la Iglesia, los creyentes se han acostumbrado a ser ministrados por un equipo con un máximo de tres. Vuelve a ser como el ejemplo de la mano con tres dedos.
En el ámbito natural se accede a los cargos según la capacidad y la preparación, pero en la Iglesia no existen cargos sino funciones. Por tal razón, estar habilitado para conducir a la Iglesia no se origina en lo humano, y no depende de las capacidades naturales o adquiridas de una persona, sino que su origen es espiritual, y responde a una delegación directa de Jesucristo, quien capacita sobrenaturalmente a quienes Él escoge para desarrollar alguna de las cinco funciones ministeriales que Él estableció.
La lectura de Efesios 4:12 nos permite comprender la finalidad por la cual Jesucristo constituyó a estos cinco ministerios para trabajar con la Iglesia:
“… perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo”.
Llevar a cabo esta labor implica que los cinco ministerios han recibido del Señor una autoridad específica para presidir y conducir a la Iglesia con sabiduría espiritual, guiados por el Espíritu Santo. Sin duda, ellos han sido llamados y establecidos por Cristo para hacer un trabajo que a nadie más se le pidió realizar. De alguna manera se puede decir que el trabajo de los cinco, y en conjunto, es insustituible, porque así la Iglesia es preparada, capacitada, entrenada y calificada para hacer su trabajo de servicio según el diseño de Cristo. Quiere decir entonces que Cristo, como cabeza, es representado por los
cinco ministerios para ejercer su gobierno espiritual sobre la Iglesia.»