Autoridad para vencer

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Autoridad para vencer

Por Hernán Cipolla
Mayo 2015

«El fin de todo esto es que la sabiduría de Dios,
en toda su diversidad, se dé a conocer ahora, por medio de la iglesia,
a los poderes y autoridades en las regiones celestiales.»
Efesios 3:10

 ¿Alguna vez nos pusimos a pensar alguna de las funciones que el Señor mismo nos delega por la Palabra?
¿Qué hace la Iglesia?
Es muy sencillo, que la sabiduría de Dios en toda su diversidad sea conocida a través de nosotros, a los poderes y autoridades en las regiones celestiales.
Hay cosas que ni los ángeles conocen, pero nosotros conocemos de la sabiduría de Dios, pero sobre todo, nosotros sabemos quién es el Señor y cómo va a actuar y conocemos su poder ilimitado, y eso se lo damos a conocer a cualquier poder del enemigo que se nos enfrente.
Es algo así como venir con carta de presentación para decir, no te olvides diablo que venimos en nombre de aquél que ya hizo todas las cosas, que tiene un poder ilimitado, y su sabiduría se va a manifestar para demostrarte que estás vencido. En ese nombre y en esa autoridad, es que nosotros nos presentamos.

«El fin de todo esto es que la sabiduría de Dios,
en toda su diversidad, se dé a conocer ahora, por medio de la iglesia,
a los poderes y autoridades en las regiones celestiales.»
Efesios 3:10

La Palabra aquí está afirmando algo que tiene que ser el punto número uno en nuestra lista de seguridad.
Si queremos estar seguros de lo que somos y lo que tenemos en Cristo, el punto número uno debiera ser ése.
Porque dice que Jesús compartió la misma carne y hueso que nosotros tenemos, para anular mediante la muerte al que tiene el dominio de la muerte, es decir, al diablo.

La muerte de Jesús, no sólo era para rescatarnos a nosotros. Obviamente, que es demasiado importante poder seguir entendiendo y proclamando que la muerte de Jesús salva al ser humano, claro que sí, pero hay algo todavía que fue más allá en el poder y la sabiduría de Dios, para prever la clase de vida que nosotros, como Iglesia de Cristo, teníamos que vivir en la Tierra.
Él previó que viviéramos una vida de victoria, y para eso, en la muerte anuló cualquier cosa que le perteneciera al diablo. Lo dejó sin efecto al diablo mismo. En otras versiones dicen, destruyó al diablo.
 

Pero sigue molestando. Porque sabe que está anulado y destruido.
Molesta como aquel que dice, mientras todavía no tenga mi destino eterno, que va a ser el lago de fuego, mientras no llegue ahí, yo quiero ver a cuántos puedo arrastrar conmigo a esta destrucción, yo ya estoy destruido, pero voy a ver a cuántos puedo también llevar conmigo.

¿Con quién sí lo puede hacer? Primero, con aquellos que están desprotegidos porque no tienen la cubierta del poder y de la gracia del Señor.
Por eso a nosotros debiera pesarnos saber que la gente que nos rodea está absolutamente desprotegida de cualquier clase de poder de Dios, y el diablo la puede arrastrar como se le dé la gana.
¿Dónde está la diferencia? Que cuando tú y yo, como Iglesia de Cristo, llegamos a un lugar y estamos con gente que vive desprotegida, pero se hace presente a través de nosotros la protección sobrenatural de Dios, el diablo ya no puede permanecer, porque lo que estamos haciendo con nuestra presencia y con la autoridad de Cristo que está en nosotros, es recordarle al diablo lo que Jesús ya hizo en la cruz, y muchas veces, ni una palabra tenemos que decir para eso, una vez que estamos allí, la presencia del Señor se manifiesta anunciando que se está acabado el tiempo para ellos.

El diablo tiene que salir, el diablo ya está advertido que Jesucristo ya se hizo presente en ese lugar a través de nosotros como Iglesia, no puede permanecer, su actividad opresora sobre la gente no puede continuar.
Pero depende de que nos sea revelado quién es Cristo para nosotros.

Si se abre nuestro entendimiento espiritual para ver toda la magnitud del Cristo que nos habita, vamos a caminar aún de otra manera sobre este mundo, va a haber una seguridad y una firmeza en nuestro paso, una determinación en nuestras acciones, palabras de fe y de autoridad cuando hablamos, no va haber temor al enfrentar ninguna situación, porque sabremos de parte de quién estamos en ese lugar.